miércoles, 31 de diciembre de 2014

Pepe: su voz y sus silencios. Esto Que Pasa.

Con Pepe y Nati López, en la Feria del Libro 2014

Acabo de terminar mi última columna en Esto Que Pasa.

Fue una despedida cargada de significado.

Se cerró hoy un ciclo que nos acompañó literalmente durante décadas.
Esto que pasa comenzó en 1985.

Y se termina exactamente HOY, AHORA.

Es por eso que estoy realmente conmovido y quiero verter a texto lo que dije recién por la radio.

Hay muchas clases de silencios. Silencios de desgano. Silencios de tedio. Silencios porque no hay nada que decir.

Y luego, están los silencios con sentido.  Los silencios de Pepe.

Esos silencios que cuento entre los más grandes dones que me deparó su amistad.

Sé que esto debe sonar extraño para los oyentes, para los cuales Pepe fue más que nada una voz, que los acompañó e invitó a pensar y a debatir constantemente.

Por eso creo que es importante que comparta estos con todos ustedes:

Cuando, en medio de una conversación, Pepe NO hablaba, eso era un momento especial. 

Paradójicamente, que Pepe no dijera nada como respuesta era algo mágico.

Porque cuando Pepe callaba no era porque no tuviera nada que decir. Todo lo contrario: Pepe callaba únicamente cuando uno le decía algo que le resultaba interesante.

Entonces, en medio de la conversación, te miraba fijo. No decía nada. Agarraba sus anteojos o algún papel o lapicera. O lo que fuera. Y jugueteaba con ellos, mientras te seguía mirando fijo. Muy fijo. En silencio. En una pausa que podía durar unos segundos, medio minuto o varios minutos.

Y yo aprendí con el tiempo que esos silencios eran lo mejor que podía pasar en una conversación con Pepe:  cuanto más le interesaba a él lo que había escuchado, o más hondo le llegaba, más se extendían esos segundos. Se te quedaba mirando fijo. Pensaba. Procesaba. Y recién después contestaba.

Y ese silencio no estaba teñido de pomposidad, ni de distancia. 


Todo lo contrario, era el resultado de tomar muy en serio al interlocutor. Era una pausa llena de afecto y de significado. En un mundo de tanto barullo, de tanta sanata, de tanta palabrería vana, Pepe llenaba los silencios de sentido.



Ahora Pepe nos dejó en silencio, un silencio -y hay que aceptarlo, porque duele- más extenso, más definitivo que lo que jamás hubieramos querido. Pero sé, y me siento responsable de decírselos a todos los que me leen, que a Pepe le fastidiaría sobremanera que nos pusiéramos melancólicos. Nos diría "No rompan la paciencia." O algo más fuerte 

Hace unas semanas se hizo un homenaje a Pepe, en el que los que lo conocimos recapitulamos la vida de Pepe y le dijimos colectivamente "Hasta siempre". 

Luego de terminar, estábamos todo el equipo de Esto Que Pasa sentados en una misma mesa. Y yo le dije a Tato Young: "¿No notás algo raro? ¡No estamos tristes!" 

Y no lo estábamos, porque cuando uno recuerda a Pepe lo extraña. Pero -hay que tenerlo claro- lo extraña por la ausencia que siente uno. No por él, que tuvo una vida plena, rica, pródiga, 

Citando a María Esther Vázquez:

"Porque no somos nosotros los que perdemos a los que se han ido. Son ellos los que se alejan y nos abandonan a la aridez rutinaria de los días...  amigo admirado y admirable, querido maestro, desde la orilla misteriosa donde estés soñándote en tus sueños, no nos dejes caer, no nos olvides." (*)

Pepe fue una persona inteligentísima que recorrió el tiempo y el espacio, viajó, escribió, debatió, investigó. Tuvo una vida plena, prolífica. Vivió con integridad y se fue con entereza. Dijo y pensó siempre como quiso. Recibió afecto y amor a raudales. Tuvo hijos y nietas. Y sobre todo compartió sus ideas y sus palabras con todos nosotros.

Entonces, podemos pensar que Pepe se ha callado y ahora como solía hacer- nos mira fijo. 

Nos toca a nosotros la seria y urgente responsabilidad de poblar ese silencio de sentido.

Por suerte, está clara la manera de hacerlo: Intentando ser un poco mejor cada día, y edificando para mejorarnos a nosotros, y al mundo, de la manera que cada uno de nosotros compartió con él.

En mi caso será la cultura, la tecnología, los libros. Para otros, será el interés por las plantas y los espacios verdes, y para aún otros acaso la política, o las calles de Buenos Aires.

Nos toca seguir edificando. Tenemos que estar a la altura y estar contentos por ello, y seguir construyendo, porque esa es la manera en que se mejoran el mundo y la vida de cada uno de nosotros.

Y así los días por venir estarán llenos de todo lo compartido, y plenos de lo que quedó.

Y Pepe, donde sea que esté, sé que estará contento también, viendo y pensando qué es lo que hacemos nosotros con todo esto.

Con todo esto que pasó, y con todo esto que pasa.

A los amigos y familiares de Pepe, al equipo de producción, a todos los oyentes, y lectores: GRACIAS.

Un abrazo y feliz 2015.

-Martín Hadis

(nota: El texto citado pertenece a "Desde la misteriosa orilla", de M.E. Vázquez, incluido en Borges: Sus días y su tiempo.)

PS: Disculpen las faltas, si las hay. Escribí este post muy rápido, y espontáneamente.

2 comentarios :

  1. Excelente y sensato, lo tuyo y la cita de M.E. Vázquez. Lamento que el alma de Pepe se disguste, tal vez, por mi avanzada edad, sigo triste por su desaparición física. Un gusto conocerte, me llevé la foto. Muchas gracias.

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  2. El día que pepe se fue no pude escuchar radio ni por internet y no lo aceptaba no soportaba la idea de que pepe ya no estaría. Ahora que ya han pasado y su programa hizo fin, pienso que las personas que se recuerdan no se han ido y a pepe se lo recuerda, se lo extraña.

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