martes, 30 de diciembre de 2014

El tema del verano

Ayer leí esta nota en La Nación, que me dejó pensando:



Está claro que en Punta del Este "el" tema más mentado por la población turística jamás pertenecerá a la astrofísica, ni tendrá que ver con los últimos avances en ingeniería genética, o el destino de la especie humana. Pero conceder por escrito que los precios son el "tema excluyente" de la temporada, es casi una admisión de que el turismo en esa península ha logrado alcanzar, colectivamente, un nuevo cénit de idiotez.

Según se afirma "consideran insólitos algunos valores; un licuado se puede pagar hasta $300 y la nafta está tres veces más cara." Nada como pasarse una temporada entera hablando del precio de un licuado, como tema excluyente. De un licuado, o de la nafta. Alternadamente, o seguido. Nafta, licuados. Licuados, nafta. Que caro está todo. Evidentemente, pertenecer tiene sus privilegios. 

Pero la nota enseguida va por más. Habla de "sorpresa"  y "nuevas estrategias."  Eso me encantó: justo estaba pensando hacer un curso on-line sobre el nuevo orden mundial, en Coursera, dictado por la Universidad de Leiden. Pero me dí cuenta de que no lo necesito: un mes en Punta elucubrando maneras de comprar licuados y churros en Manolo a precios razonables y volvés hecho un estratega que hace palidecer a von Clausewitz. Y es que definitivamente, es así, como yo siempre he sospechado: la estrategia para comprar licuados en Punta del Este es la continuación de la política argentina por otros medios. 

Y está bien que así sea. Porque los "temas excluyentes" de Punta del Este suelen ser de este calibre: si no son los licuados, son los autos. O las fiestas. O los autos. O los licuados. Digamos, un nivel de fatuidad constante, con caídas precipitadas y cada vez más hondas en su nivel de abstracción. 

No es que los turistas no se den cuenta de todo esto. No vaya a creer. Lo saben bien: siempre ha sido así, y siempre seguirá siéndolo. "La gente que viene acá no come vidrio," -nos informa, iluminada, una tal Marcela, de Pilar- "Punta del Este es caro y siempre lo fue" Una visión lúcida y perspicaz de esa realidad implacable: Nadie come Vidrio en Punta del Este. Realpolitik a pleno. Bismarck no podría haberlo dicho mejor. Lo que no nos queda claro es si la gente en Punta no come vidrio porque allí nadie sabe prepararlo "al dente", o porque el vidrio está más caro, incluso, que un licuado.

¿Por qué, entonces, ocurre en este preciso instante esta confesión? ¿Por qué justamente ahora y no antes? Yo tengo mi propia teoría, y voy a compartirla en este preciso instante con todos ustedes: este sinceramiento se lo debemos al mismísimo Papa Francisco. ¿No se dan cuenta? No embromemos: al fin y al cabo, el Papa (nuestro Papa) logró acercar a Obama y a Fidel Castro. Los turistas de Punta del Este, inspirados por su prédica, habrán decidido que llegó el momento de la catarsis. "¡Un licuado en José Ignacio te puede costar $300!", exclama una tal Eliana, rosarina, de 29 años. 

Pero a no desesperar. Lo mejor viene ahora, al final. La nota promete "estrategias" y cumple a rajatabla. Marcela de Pilar y Eliana de Rosario nos revelan sus tácticas para no comprar a precios exorbitantes: vinieron pertrechadas. ¡Sí, señor! ¡Trajeron provisiones! "Bebidas y latas de conserva", aclaran. Ni a Julio César, ni a Erwin Rommel, ni al mismísimo Winston Churchill se le hubiera ocurrido hacer algo así.

Hay que admitirlo: la propuesta para este verano en Punta del Este es una verdadera vacación cerebral (en el sentido etimológico de vacación: VACÍO). Pero a mi me cuesta llenarme la cabeza de licuados. Para no pensar en nada, prefiero el budismo Zen.

-Martín Hadis

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