miércoles, 17 de septiembre de 2014

Un espejo que nos refleja en otros



Kyle McDonald es un artista digital. Su último proyecto se llama "Sharing Faces", "Compartiendo rostros", y su objetivo es resaltar la esencia humana, aquello que todos tenemos en común.

La premisa es simple pero el resultado es fascinante:

Kyle colocó dos pantallas en forma de espejo y dos cámaras digitales en dos ubicaciones separadas: una en Japón y otra en Corea del Sur.

Cada vez que un visitante se coloca delante del "espejo", la cámara digital toma una imagen de su rostro. Una computadora analiza su posición y expresión facial busca luego una imagen equivalente entre las que almacenó de todos los visitantes anteriores.

El "espejo" brinda entonces un reflejo del visitante en el rostro de otro: no repite la imagen de quien lo mira, sino que -a cada momento- va proyectando imágenes de otras personas que hicieron exactamente el mismo gesto.  

El sistema de McDonald nos permite así, literalmente, reflejarnos en los demás. En pleno funcionamiento, tiene una magia increíble. Vean el video:


Al verlo funcionar, recordé inmediatamente unos versos del poema "Nubes", de Jorge Luis Borges:

El reflejo de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.

Y es que curiosamente, la inspiración de este proyecto mitológica: Kyle McDonald cuenta que la idea le vino directamente del relato del rapto de las sabinas. "Tenía" -afirma- "unas ideas bastante utópicas al crearlo: quería hacerlo funcionar a ambos lados del muro que separa a Israel de Palestina o entre Corea del Norte y Corea del Sur o en otros lugares que fueran igual de imposibles." Las ubicaciones actuales de Japón y Corea del Sur sirven de todos modos a la perfección a los propósitos de confraternidad y universalismo de este proyecto, ya que han tenido -a lo largo de los siglos- una relación histórica compleja y difícil.

"Compartiendo rostros" se inscribe así en una tradición venerable de obras artísticas que intentan crear puentes no solo entre países sino también entre personas. Al fin y al cabo, es mucho más lo que tenemos en común que aquello que nos separa.  Afirma también Borges: "Somos, gratamente, los otros."

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