martes, 9 de septiembre de 2014

De los robots a las sagas (II)

Las facetas comunes entre Millenium y Real Humans que describo en el post anterior me remitían a fuentes muy antiguas, que ya conocía bien: las sagas de la antigua literatura nórdica.



Estas sagas fueron redactadas en los siglos XIII y XIV pero refieren hechos que transcurrieron siglos antes, especialmente en la era vikinga. Afirma Jorge Luis Borges: 

El estilo [de las sagas] es breve, claro, casi oral... Abundan las genealogias, los litigios, las peleas. El orden es estrictamente cronológico; no hay análisis de los caracteres; los personajes se muestran en los actos y en las palabras. Este procedimiento da a las sagas un carácter dramático y prefigura la técnica del cinematógrafo. El autor no comenta lo que refiere: en las sagas, como en la realidad, hay hechos que al principio son oscuros y que luego se explican y hechos que parecen insignificantes y luego cobran importancia. 
Entre las sagas más famosas figuran la Saga de Grettir, la Saga de Njál el quemadoy la Saga de Egill



 Millenium Humanos Reales son series de TV actuales. La primera es casi contemporánea, la segunda trata del futuro próximo. Amb

as han logrado un éxito inmenso. Acaso esto se explique porque sus respectivos autores recurrieron a la esencia y el origen de su literatura. Las tramas de ambas series deben mucho a las sagas, esos relatos de traición y justicia que narran las vidas de generaciones sucesivas de la Escandinava medieval:
Los personajes de las sagas no son totalmente buenos o malos; no hay monstruos del bien o del mal. No prevalecen fatalmente los buenos ni son castigados los malos. Hay, como en la realidad, coincidencias, dibujos simétricos del azar. Hay incertidumbres verosímiles; el narrador dice: «Unos cuentan las cosas de esta manera, otros de otra...» Si un personaje miente, el texto no nos dice que miente; después, lo comprendemos.
Así también, hasta el capítulo final de Humanos Reales, las intenciones aparentes de los personajes cambian con vértigo. 



Varios robots que parecían serviciales resultan ser unos asesinos crueles; otros, que parecían fríos y calculadores, resultan más humanos incluso que sus perseguidores. Todo esto se revela en sus actos. En esto, los robots actúan como los personajes de la Saga de Njál. Continúo citando a Borges:



Uno de los capítulos iniciales de la Saga de Njal reflere que Hallgerd la Hermosa obró una vez de un modo mezquino y que su señor, Gunnar de Hlítharendi, el más valiente y pacífico de los hombres, le dio una bofetada.
Años después, los enemigos sitian su casa. Las puertas están cerradas; la casa, silenciosa. Uno de los agresores trepa hasta el borde de una ventana y Gunnar lo hiere de un lanzazo.
‑¿Está Gunnar en casa? ‑preguntan los compañeros.
‑El, no sé; pero está su lanza ‑dice el herido, muere con esa broma en los labios.
Gunnar los tiene a raya con sus flechas, pero al fin le cortan la cuerda del arco.
‑Téjeme una cuerda con tu pelo ‑le dice a Hallgerd.
‑¿Te va en ello la vida? ‑pregunta ella.
‑Sí ‑responde Gunnar.
‑Entonces recuerdo la bofetada que me diste una vez y te veré morir ‑dice Hallgerd.
 Asi Gunnar murió, vencido por muchos, y mataron a Samr, su perro, pero antes el perro mató a un hombre.
El texto nada nos había dicho de ese rencor, ahora lo sabemos bruscamente, actual y terrible, con el mismo asombro de Gunnar.

En pleno siglo XXI, ni Lars Lundström (autor de Hmanos Reales) ni Stieg Larsson (autor de Millenium) pudieron eludir los surcos que dejaron las antiguas sagas en la tradición narrativa escandinava. Como diría Borges, nuestra esencia no ha cambiado: los seres humanos (y ahora también los robots) seguimos contando y participando, con el correro de los siglos, de las mismas historias.

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