domingo, 15 de junio de 2014

El adiós a un amigo

Yogi González Luquet y Mario Ceretti, en Merlo, San Luis, 2011


Anoche me había entrado un mensaje de mi amigo Mario Ceretti. No llegué a atenderlo. Recién llamé a Yogi González Luquet para preguntarle cómo seguía Mario.

La respuesta me dejó en shock. "El mensaje te lo dejé yo. Mario falleció anoche" - me dijo.

Todavía no logro recuperarme del golpe pero siento que es necesario que escriba unas palabras sobre Mario. No sé cómo me van a salir, pero aquí voy.

Lo primero que me sale decir es que Mario era un ser feliz. Había elegido la Villa de Merlo, en San Luis, como su hogar hace años. Vivir allí le llenaba el espíritu. Solía decirme que le bastaba mirar los colores cambiantes de la montaña, el decurso del sol sobre el cordón del Champaquí, para sentir felicidad.

Era además una de las personas más inteligentes y más inteligentemente graciosas que he conocido. Decir que Mario se la pasaba haciendo chistes geniales es quedarse corto. Su mente tenía una actividad febril. No paraba un segundo de unir conceptos, de asociar ideas para decir una frase tras otra llena de chispas e ingenio. Era difícil seguirlo: cualquier intento por retrucarle lo respondía inmediatamente, con una inteligencia y agudeza que lo dejaba a uno siempre pedaleando en el aire.

Era además dueño de una cultura solidísima. Había vivido y leído muchísimo. Conversar con él era una siempre una experiencia. Ninguna conversación con Mario era banal, aún cuando el tema -deliberadamente- lo fuera. Y digo deliberadamente porque le encantaba elegir temas triviales para encontrarles ribetes intelectuales o facetas profundas - así terminaba hablando filosóficamente sobre cuestiones que no parecían merecerlo - o tener sentido alguno. Podía sacar conclusiones metafísicas a partir de etimologías o vínculos históricos inesperados charlando sobre el nombre aparentemente absurdo de una calle o un postre - o sobre el último chisme que había escuchado.

Una vez, comentando uno de sus relatos, le dije: "Mario, sos gracioso, sos genial". Me respondió: "No, no lo soy. Lo genial y gracioso es la vida. Yo solo me limito a contarla."

Mario, como pocos, como nadie, fue capaz de encontrar esa veta a lo cotidiano, y de compartirla generosamente con todos los que lo quisimos, lo leímos o lo escuchamos.

Decir que nunca vamos a olvidar a Mario Ceretti es redundante, innecesario. Nadie que lo conociera podría llegar a olvidárselo jamás. Yo personalmente me siento agradecido de haberlo conocido.
Recordaré siempre su último saludo y lo repito aquí para mi querido amigo, donde sea que esté:

"UN ABRAZO JUERTE, JUERTE."



3 comentarios :

  1. Un ser muy especial... En el plano que estés seguro que alguna genialidad estas tramando.

    ResponderEliminar
  2. Bello y conmovedor homenaje a tu fallecido amigo. Muchas gracias!!!

    ResponderEliminar
  3. Wow, qué conmovedor es leer esto, a todos se nos ha complicado alguna vez el decir adiós a un amigo o ser tan cercano. Gracias por compartir la bella experiencia y recordarnos que siempre que una persona se va no se va del todo, tenemos los recuerdos. Saludos!

    ResponderEliminar