viernes, 11 de abril de 2014

El hombre de la silla voladora


Esta historia parece  una leyenda urbana, un cuento, un mito. Pero es rigurosamente cierta. El 2 de Julio de 1982, un norteamericano residente en California, de nombre Larry Walters, compró 45 globos de helio, y los ató a una silla común de patio. Se sentó en la silla con un rifle de aire comprimido para explotar los globos cuando quisiera descender, un transmisor para radioaficionados, sandwiches, varias latas de Miller Lite frías y una cámara de fotos.  Cortó la soga que la ataba al piso y los globos lo impulsaron hacia los cielos. En pocos minutos alcanzó una altura de más de 4500 m. Voló sobre la zona de Long Beach e ingresó, sin quererlo, al corredor aéreo del aeropuerto local.

En su diálogo con REACT, una asociación de radioaficionados, informó por primera vez lo que ocurría:




REACT: ¿Qué información quisiera comunicarle al aeropuerto en este momento acerca de su ubicación y dificultades? 

Walters: Este... la dificultad es que, em... este es un vuelo con globos... no autorizado y sé que estoy en medio del espacio aereo federal, y estoy seguro que mi tripulación de tierra ha alertado a las autoridades pertinentes. Pero por favor llámenlos y díganles que estoy bien.

Luego de volar durante casi una hora, Walters comenzó a reventar globos con su rifle hasta que esta se le cayó accidentalmente. Descendió a partir de entonces suavemente, hasta quedar enmadejado en unos cables del tendido eléctrico, causando así un corte de luz masivo en Long Beach. A pesar de eso, logró desatarse y bajar sin daño a tierra.

Fue arrestado inmediatamente por la policía. El inspector de seguridad regional Neal Savoy dijo entonces: "Sabemos que está en contravención alguna parte de la Ley Federal de Aviación, y tan pronto como decidamos qué parte es, vamos a acusarlo. Si tuviera una licencia de piloto, se la suspenderíamos, pero está claro que no tiene ninguna."


Finalmente, a Walters le impusieron una multa de 4000 dolares por violar la ley federal de aviación de los Estados Unidos. Su delito fue "operar un vehículo aéreo sin establecer y mantener contacto constante con la torre de control". Pero Walters apeló, y le redujeron la multa a $1500. Fue absuelto de otro cargo del que había sido acusado, "operar un vehículo aéreo sin la certificación apropiada", ya que no existía ninguna certificación apropiada para una silla voladora

La "hazaña" de Larry Walters tuvo varios sucesores. Hubo, en las décadas siguientes, varias personas que lo imitaron. Uno de los más recientes fue un cura brasileño, que hizo un intento similar en 2008 y pereció en el intento.

3 comentarios :

  1. Volar, volar, el sueño eterno de volar. Muchas gracias por esta historia que no conocia martin, soy robert. Un amante de la aviacion!

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  2. Todo un pionero, ¿quien no soñó alguna vez con hacer algo parecido?
    Muy buena la nota.
    Gracias por publicarla.
    Santiago Gonzalez

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  3. Maneras de vivir, estar en las nubes y confiar en que no suceda nada malo...

    Desde España,
    Otro lector anónimo

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