martes, 21 de enero de 2014

La extraña inteligencia de los gatos siameses




"Son como perros" "Te siguen a todos lados" "Son muy inteligentes". Estas son algunas de las cosas que me dijeron distintas personas cuando empecé a investigar sobre los gatos siameses. En un principio, no creí ninguna de esas afirmaciones. Me parecían chismes carentes de sentido. ¿Cómo un gato va a portarse como un perro? Pero desde que mi gato llegó a casa, estoy sorprendido. Ya había interactuado con muchos otros gatos en toda mi vida. Los siameses se portan de una manera definitivamente extraña, muy diferente a la de los gatos comunes. Y me costó creerlo, pero lo cierto es que tuve que admitir que todos esos dichos eran ciertos.

Acaso la barrera más evidente para creerlos fue mi formación en biología. ¿Qué sentido tiene decir que una raza específica de gatos "es como" un perro? Un perro es un perro. Los gatos son gatos. Y no se me ocurría razón evolutiva alguna para que dos especies tan diferentes hayan convergido en conductas similares. Excepto, claro, la selección artificial. Esa, creo, es la única explicación: que un grupo de personas, en Siam (Tailandia) o algún otro lugar del globo, haya seleccionado artificialmente una sub-población de gatos cuyo comportamiento les resultara especialmente sociable y afectuoso.


"Say from whence / You owe this strange intelligence, or why / Upon this blasted heath you stop our way / With such prophetic greeting. / Speak, I charge you."
 Macbeth, Act I, Scene 3

Aún así, seguía sin entender de dónde salió la materia prima genética para esa selección. Quiero decir: los perros son sociables con los seres humanos porque ya tienen incorporada la vida social en su instinto. Sus antepasados los lobos ya eran seres sociales que vivíeron siempre en manada. Están por ende acostumbrados a interactuar con otros de su especie, y al acercarse a las personas han reorientado esos instintos a una nueva "manada",  humana en vez de canina.

Pero ¿qué puede haber convertido a un gato en sociable? Los gatos son cazadores solitarios, no viven ni cazan en grupo, sólo se encuentran para aparearse o pelear. Me pregunto entonces de dónde sale el obvio apego y curiosidad que los siameses sienten por sus dueños. Con algunas pocas excepciones, los gatos que yo conocía hasta ahora vivían "en su mundo". Resultaba difícil entender sus intenciones y sus objetivos. Un siamés es algo cualitativamente distinto. Se entiende perfectamente qué quiere; y si uno no lo entiende inicialmente, el gato se encargará de mostrárselo.  Como dice Cortázar en su cuento: "Yo creo que era la cabeza [...]  con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales."

Últimamente estuve pensando que los siameses han recreado acaso en nosotros los vínculos más potentes que tienen con cualquier otro individuo de su especie: los de ìndole filial. Después de todo, los gatos no maúllan entre sí, sólo le maúllan a sus progenitores - y a los humanos. Esto, de todas maneras, no explica su enorme inteligencia, ni su habilidad para abrir puertas, cajones y ventanas... ni su curiosidad por entender todo mecanismo nuevo que caiga en su rango de visión.


Hay mucho que sigo sin entender sobre los gatos siameses. Tal vez es mejor así: la amistad ni se agradece ni se explica. Por lo tanto, terminaré este post con un consejo: todo aquel  que busque una compañía amistosa, y esté dispuesto a cumplir la gran responsabilidad que implica cuidar a un animal, debería considerar seriamente convivir con un gato siamés. Eso sí: a no quejarse después cuando se den cuenta que a ustedes les cuesta entrenar al gato, pero que el gato los ha entrenado a ustedes. A mi me ha pasado. Ya lo contaré en otro posting.

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