martes, 26 de noviembre de 2013

La película en la que Mick Jagger leyó a Borges

( Para una versión más extensa de esta entrada véase mi artículo en PERFIL:
El día en que Mick Jagger leyó a Borges )


Hace unos años me enteré -con la mezcla de perplejidad y fascinación acerca del encuentro entre Mick Jagger y Borges en un hotel de Madrid. Que se hubieran encontrado era algo posible. Ahora bien: que Mick Jagger hubiera reconocido y recordado a Borges  me resultaba realmente curioso. En ese rompecabezas me faltaba una pieza: un nexo anterior que hubiera conectado a Mick Jagger con Borges con antelación a ese encuentro, pero con suficiente intensidad como para generar una huella indeleble la memoria del cantante. Nunca había dado con esa pieza faltante. Hasta hoy.


Un hallazgo inesperado. 

La cámara muestra una escena más o menos lánguida. Parece una película de tantas. El actor, cómodamente sentado en un sillón, sostiene un libro en sus manos y lee en voz alta. Nada resulta especialmente llamativo. Hasta que cobramos cabal dimensión de lo que está ocurriendo. El actor es Mick Jagger. Y el texto que muestran los subtítulos pertenece, increíblemente, a Jorge Luis Borges:

En ese punto algo imprevisible ocurrió. Desde un rincón el viejo gaucho estático le tiró una daga desnuda que vino a caer a sus pies. Dahlmann se inclinó para recogerla y pensó dos cosas.

La cita es inconfundible, y muchos lectores la reconocerán inmediatamente: se trata del párrafo más significativo de uno de los cuentos más conocidos y emblemáticos del gran escritor argentino: “El Sur”.




La película está en inglés: en la pronunciación británica de Mick Jagger, la palabra “gaucho” suena acaso un poco forzada. Pero la versión inglesa que surge de los notorios labios de Jagger es correcta, nítida y precisa:

At that point something unforeseeable happened. From a corner of the room the old static gaucho threw him a naked dagger, which landed at his feet. Dahlmann bent over to pick it up. And he felt two things.


Apenas concebible, la escena no es un sueño ni un espejismo. Realmente ocurrió. Pertenece a un film rodado hace décadas y luego olvidado por muchos. Titulado Performance, fue dirigido por Nick Roeg y Donald Cammell; éste último fue el responsable del guión.

El mundo académico y literario no había reparado demasiado hasta ahora en la fuerte relación que existía en entre este film y el más célebre escritor argentino. Son pocos (poquísimos) los estudiosos de Borges que han mencionado esta película sus textos


El otro, el mismo

 Performance pone su énfasis en la relación entre los dos protagonistas. El primero, “Turner” (interpretado por Mick Jaggger) es un cantante que ha “perdido su demonio”.   El segundo, “Chas”, es un delincuente vehemente y sádico interpretado por el actor James Fox, una suerte de “compadrito” londinense que se ha excedido en sus violencias y necesita esconderse por un tiempo.

A lo largo del film, la personalidad de estos dos hombres se desdibuja y se confunde. El mafioso va perdiendo su ferocidad y su temple, a medida que se sumerge en ese ámbito decadente; el cantante, entretanto, va recuperando su temple y la fuerza que había perdido.. . En los últimos minutos del film, ya resulta difícil distinguirlos. Al igual que en “El Sur” y tantos otros cuentos de Borges, el final de Performance queda abierto.

Hay un disparo; la cámara sigue al proyectil en su trayecto mortal mientras atraviesa el cráneo de su víctima. En medio de ese extraño túnel aparece, repentinamente, un retrato de Borges. La bala choca contra el rostro del escritor, que termina astillándose en pedazos.


El fin


En 1996, deprimido por cuestiones personales, el guionista de Performance, Donald Camell, decidió quitarse la vida. Dicen que se pegó un tiro en la cabeza; pero al parecer sobrevivió durante unos minutos a esa herida mortal.

Mientras agonizaba recordó, al parecer, la última escena del film. Entonces le preguntó a su esposa, que llegó a presenciar su fin: “¿Puedes ver ya el rostro de Borges?”. Acto seguido, el cineasta murió, confirmando acaso el dictamen central de “El Sur”: “Al destino le agradan las simetrías y los leves anacronismos.”